04 March 2015 @ 08:41 pm
[One-shot] Bound  
Title: Bound.
Lenght: 5k more or less
Rating: R
Pairing: Sakuraiba
Genre: Romance
Summary: Sho suddenly finds out that he likes the image of tied Aiba a little too much.

A/N: I'm sorry this fic is in Spanish, maybe in the future I'll translate it but for now I won't cause translating to english is so hard OTL I hope people that understand spanish can enjoy it tho!
(ノ*>∀<)ノ♡


Era extraño.

Sho sabía que lo que estaba viendo debería haberle provocado preocupación, angustia, o incluso diversión… Porque la verdad era que ver a Aiba esposado a un poste, creyendo que iba a morir en una explosión cuando en realidad solo era una broma pesada era, como poco, gracioso.

Pero no.

Sho no sentía nada parecido a ninguna de esas cosas.

Lejos de eso, todo lo que podía sentir al ver a su compañero de grupo debatiéndose, tratando de liberarse de forma desesperada, era una inmensa e inexplicable excitación recorriéndole de pies a cabeza.

No tenía ni idea de cómo esos pensamientos habían llegado a ocupar su mente, como ni porque la imagen de Aiba esposado y luchando por escapar le había impactado de esa forma devastadora. Pero de pronto se había encontrado con que tenía el pulso completamente acelerado y con que ya no era capaz de concentrarse en la grabación, porque ya solo podía ver una y otra vez a Masaki amarrado y totalmente indefenso, tan indefenso que él habría podido…

― ¿Sho-chan…? – La voz preocupada de Aiba le sobresaltó al cortar bruscamente sus pensamientos y tal fue la culpabilidad que sintió al darse cuenta del camino que estos estaban tomando que apenas pudo alzar la mirada hacia su compañero cuando este continuó – ¿Te encuentras bien…? Hace un rato que pareces ido… siquiera te has enterado de que hemos acabado de grabar…

Los ojos de Sakurai se abrieron de forma desmesurada de pura sorpresa cuando al mirar a su alrededor se dio cuenta de que casi todo el mundo había abandonado ya el set de rodaje. Solo quedaban Aiba, unas cuantas personas del staff y él.

― Es-estoy bien… – Consiguió balbucir al fin, poniéndose en pie de forma tan precipitada que asustó a su compañero.

― Estás extraño – Repuso Masaki, riendo después con cierta incomodidad, como si solo lo hiciese para aliviar la tensión que sin previo aviso se había instalado entre su amigo y él – ¿Quieres que te acerque a casa…?

Sho se encontró al instante metido en un dilema.

Por un lado sabía que no podía decir que si, él había llegado al estudio de grabación en su propio coche y tendría que dejarlo allí abandonado, cosa que habría sido estúpida porque al día siguiente tendría que ir en tren para buscarlo… Eso era lo que su parte racional le decía. Pero otra parte de sí mismo no tan racional y que nunca antes había estado allí le imploraba que se olvidase del coche, dejase que Aiba le acompañase a casa, le invitase a entrar como tantas veces había hecho y que después cumpliese lo que llevaba deseando hacer desde que había visto a su compañero atado a aquel poste.

Fue esa parte no tan racional la que le convenció para decir que no.

― No hace falta, me encuentro perfectamente – Compuso la sonrisa más sincera que fue capaz de fingir y le palmeó el hombro a su amigo. El contacto fue mucho más fugaz de lo habitual, ya que al tocar a Masaki todas esas imágenes tan desconcertantes que lo habían estado acosando regresaron a su mente, golpeándolo sin piedad – Pero gracias de todos modos, Aiba-chan.

Su compañero lo miró no muy convencido aunque acabó por asentir esbozando una sonrisa un tanto insegura. Aiba era una persona con una capacidad de despreocupación increíble así que lo más probable era que en media hora escasa se le hubiese pasado la preocupación, cosa que en aquellos momentos a Sho le venía a las mil maravillas. Ya tenía bastante consigo mismo.

― Cambiémonos entonces y volvamos a casa. No nos vendrá mal descansar ne? – Propuso Masaki. Sho estaba completamente de acuerdo por lo que pocos minutos después ambos chicos estaban en el camerino quitándose los hakamas del Shiyagare de año nuevo para ponerse su ropa.

Parecía que los otros tres ya se habían marchado, sus cosas ya no estaban esparcidas por la sala y sus ropas de la grabación se encontraban colgadas de mala manera en los respaldos de las sillas. Aiba no le dio mayor importancia a que Riida, Nino y Matsujun se hubiesen ido ya y comenzó a desnudarse tranquilamente. En cambio Sho se sentía completamente tenso de pronto.

Había visto otras veces desnudo a Masaki, tantas durante los trece años que llevaban juntos en Arashi que no habría sido capaz de contarlas de haber querido hacerlo, incluso se habían bañado y dormido juntos en alguna ocasión… Pero jamás en todo ese tiempo le había ocurrido lo que le estaba pasando en aquel instante: No era capaz de despegar la mirada del cuerpo de su amigo.

Sus ojos parecían haber cobrado vida propia y recorrían una y otra vez la piel de Aiba, sin descanso: El largo y elegante cuello, los hombros anchos, el izquierdo decorado por esa marca de nacimiento unos tonos más oscura que el resto de su piel, la espalda y los brazos, que en los últimos tiempos se habían vuelto ligeramente más musculosos de lo que lo habían sido nunca… y después descendieron hasta su trasero, cubierto únicamente por los bóxers que se le pegaban como una segunda piel, provocando que el corazón de Sho latiese de forma casi violenta, bajando después por sus piernas, esas interminables piernas que Masaki tenía… ¿Y cómo sería tener ese par de largas piernas atadas alrededor de su cintura…?

Sho sacudió la cabeza con tal brusquedad que consiguió marearse, pero al menos así pudo expulsar de ella esos pensamientos antes de que llegasen demasiado lejos. Ya estaba bien ¿qué demonios le pasaba?

Se arrancó el hakama y lo echó a un lado como si con ello se deshiciese también de las extrañas ideas que habían dominado su mente y cuando ya estuvo vestido con su propia ropa se sintió un poco mejor. Algo en el hecho de encerrarse en su casa y estar lejos de Aiba le reconfortaba, cosa que jamás le había pasado antes. Tenía ganas de huir de uno de sus mejores amigos.

― Me marcho ya – Le comunicó a su compañero sin apenas dirigirle una mirada. Sentía como si no fuese a ser capaz de mirarle a la cara nunca más – Jaa, matta…

Aiba, que a pesar de todo había tardado más que Sho en cambiarse, asintió girándose hacia él pero antes siquiera de que fuese capaz de abrir la boca para despedirse su amigo, este ya había salido del camerino y recorría el pasillo a toda prisa.

Sin duda aquel día le pasaba algo extraño a Sho-chan.



Cuando Sakurai llegó por fin a su casa se sentía como si hiciese siglos que no la pisaba. El trayecto en coche se le había hecho interminable, se lo había pasado tratando de reprimir pensamientos relacionados con Aiba y cualquier cosa que pudiese servir para atar e inmovilizar a una persona, por lo que había acabado con ganas de darse cabezazos contra el volante hasta que la mente se le quedase en blanco.

¿Por qué no era capaz de dejar de imaginarse todas esas escenas extrañas y desagradables…? O que al menos se suponía que eran desagradables, porque su cuerpo parecía estar muy contento con ellas.

Tiró la mochila sobre el sofá casi son rabia y tras poner la calefacción empezó a repasar mentalmente la lista de cosas que podía hacer para entretenerse en lo que quedaba de tarde… y sobre todo para no pensar. Pero la idea de hacer papeleo o de echar un vistazo al guión de Kamisama no Karute 2 no le resultaba atractiva en absoluto. Tras unos minutos más dándole vueltas al asunto terminó por rendirse y se dirigió hacia el baño, deshaciéndose de la ropa por el camino. Primero se daría una ducha para despejarse y después se pondría con el trabajo, no había de que preocuparse, seguro que esos molestos pensamientos desaparecerían dentro de poco por si solos y todo volvería a ser como siempre.

Abrió el grifo de la ducha y el agua caliente comenzó a correr, esparciendo vapor por todo el baño como si de niebla se tratase. Sho dejó escapar un suspiro de alivio cuando la calidez recorrió todo su cuerpo.

Por fin se sentía relajado.

Y quizá precisamente porque al estar relajado había bajado la guardia de pronto una imagen tan nítida que parecía completamente real estalló en el interior de su cabeza como si de fuegos artificiales se tratase.

Aiba. Aiba delante de él, desnudo, con las muñecas atadas al cabecero de su cama, completamente indefenso… completamente a su disposición.

La fuerza de esa escena casi le hizo tambalearse y tuvo que apoyar una mano en la pared de la ducha para no acabar en el suelo. El corazón le latía tan fuerte que era casi doloroso y su respiración se había vuelto un jadeo ahogado bajo el sonido del agua cayendo que se mezclaba con la respiración entrecortada del Aiba de su cabeza, ese Aiba que lo invitaba con una mirada inocente a la vez que seductora a que se acercase, haciendo que a Sho le resultase imposible desterrar aquella imagen de su mente.

Ya no se veía capaz de controlarlo. Se había pasado toda la tarde tratando de reprimir esas imágenes pero ya no podía más. Quería… necesitaba continuar con aquello, por muy mal que su parte racional le advirtiese que estaba.

De forma casi inconsciente su mano libre se deslizó muy lentamente por su vientre, descendiendo poco a poco, acariciando su propia piel de tal forma que se erizaba al paso de sus dedos, y cuando los cerró en torno a su miembro el pulso se le aceleró tanto que parecía que jamás hubiese hecho aquello antes.

Comenzó a mover la mano despacio, jugando consigo mismo, aunque en su imaginación en cambio era la boca de Masaki la que le estaba provocando aquel placer que lo recorría como una descarga eléctrica. El roce de sus dedos húmedos por el agua de la ducha se había convertido de pronto en la caricia de la lengua de su amigo, recorriéndole por completo y sin descanso una y otra vez.  Tuvo que apoyar la espalda contra la pared porque la excitación que le estaban provocando aquellos pensamientos hacía que se mantuviese en pie a duras penas.

El ritmo con el que se movía su mano comenzó a aumentar sin que se diese cuenta siquiera de ello. Cuanto más real se hacía la imagen que llenaba su cabeza más fuertes y rápidos hacía él los movimientos de su muñeca. Cada vez necesitaba más – más brusco, más veloz – por lo que sus caderas no tardaron en comenzar a adelantarse, buscando intensificar el roce con sus dedos… no… con la caricia de la lengua de Aiba.

La poca culpabilidad que le restaba quedó ahogada por el intenso placer que le provocaba imaginarse a Masaki lamiéndole, besándole y mordiéndole, y desapareció por completo cuando sintió que estaba a punto de llegar al éxtasis. Solo un poco más y…

… Y de pronto el chirriante timbre de la puerta lo sacó bruscamente de su fantasía, devolviéndolo de una patada a la realidad.

Se miró a si mismo durante unos pocos segundos, tratando se asimilar lo que acaba de ocurrir. Se había masturbado… pensando en Aiba… en Aiba. Soltó la mano de su miembro casi como si le diese asco tocarse y la miró con los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir de las órbitas.

― ¿Qué demo…? – No le dio tiempo a seguir maldiciendo porque el timbre comenzó a sonar de nuevo, esta vez de forma más insistente que antes, por lo que Sho tuvo que dejar lo de asquearse de sí mismo para después y tras salir de la ducha y envolverse en su albornoz fue a toda prisa hacia la puerta.

Quien quiera que fuese quien estuviese llamando parecía estar impaciente porque ya no había apenas pausa entre un timbrazo y el siguiente.

― ¡Ya va, ya va! – masculló Sho tratando de no escurrirse con el agua que iba chorreando y cuando al abrir la puerta de un tirón malhumorado se encontró de cara con Aiba sus esfuerzos por no acabar en el suelo por poco se fueron al traste.



― A-Aiba… ¿Qué haces aquí?

El pobre Masaki pareció desilusionado ante la reacción que había tenido su amigo al verle, pero a los pocos segundos esbozó una gran sonrisa y alzó la bolsa que llevaba en una mano para enseñársela.

― Te he traído medicinas, porque antes en la grabación parecías encontrarte mal y no he podido dejar de pensar que quizá…

Sho dejó escapar un largo suspiro molesto y cansado, lo que hizo que su compañero dejase de hablar al instante, desviando los ojos con una expresión de pena que le hizo sentirse miserablemente culpable. Así pues, aunque la lógica le decía que tras lo que acaba de ocurrir en la ducha lo mejor era no dejarle pasar, se hizo a un lado para que pudiese entrar en la casa.

¿Por qué siempre tenía que sufrir esa debilidad cuando se trataba de Aiba? Tenía que ser porque era demasiado adorable, seguro, todo era culpa de su amigo.

Cuando Masaki pasó al interior, quitándose los zapatos y el abrigo como si estuviese en su propio apartamento, Sho cerró la puerta y lo siguió hasta el salón. Siempre le había gustado el modo en el que Aiba se movía por su casa, como si fuese la suya propia. Pero en aquel momento le molestaba más que otra cosa, y ya se estaba planteando como echarle sin parecer maleducado cuando su amigo se aproximó a él, inclinándose ya que era unos centímetros más alto que Sho, para observar su cara de cerca, demasiado cerca. Tanto que pudo sentir su aliento rozándole los labios.

― ¿Cómo te encuentras? – Le preguntó Masaki, sin ser consciente de lo que le estaba provocando a su amigo – Sigues teniendo mala cara…

Sakurai interpuso una mano entre ambos, creando una barrera entre sus rostros, tratando de impedir que la respiración de Aiba acariciase su piel y que viese el sonrojo que cubría esta.

― Es-estoy bien… – Pudo contestar al fin mientras luchaba contra los pensamientos que una vez más llenaban su mente: Podía verse acorralando a Masaki contra la pared, aprisionando su esbelto cuerpo entre esta y el suyo, besándole hasta que…

― Pues no lo pareces. Creo que tienes fiebre, estás todo rojo – Repuso Aiba, llevando una de sus manos, una de esas manos de largos y delgados dedos, a la frente de Sho y cuando rozaron la piel del chico, mandando descargas eléctricas por todo su cuerpo, este se apartó del contacto como si le quemase, dejando a su amigo con una expresión desconcertada.

― Estoy bien te digo, Masaki… – Murmuró, sintiéndose asqueado consigo mismo tanto por pensar aquellas cosas de su compañero como por encima ser incapaz de ser amable con él por ello – Solo es que me estaba duchando y el calor del agua…

― Oh… – Aiba puso tono de entendimiento cuando, por primera vez, se percató de que su amigo iba vestido tan solo con un albornoz – ¿Por qué no vas a vestirte mientras yo te preparo la medicina, ne? Así solo vas a conseguir coger más frío.

Y antes de dejar que Sho replicase desapareció por la puerta de la cocina con la bolsa de la farmacia en la mano.

Sho dejó escapar un suspiro resignado cuando ya se encontró solo en el salón y se dirigió hacia el dormitorio. Era inútil tratar de hacer carrera de Aiba, siempre iba a su bola. Lo mejor sería hacerle caso, quizá así le dejaría en paz antes y él podría… podría… ¿Qué? ¿Torturarse con lo que había estado a punto de hacer?... ¿Acabarlo…?

Sacudió la cabeza y se deshizo del albornoz antes de dedicarse a rebuscar unos bóxers en el armario. No iba a acabar nada. Simplemente se olvidaría de ello y de lo que de pronto había descubierto que su compañero le provocaba. Era lo mejor, no podía dejarse llevar. Tenía responsabilidades con la agencia, y si su padre se enterase… Y si era Aiba quien se enteraba…

Ne… Sho-chan ¿prefieres limón o naranja…? – Sho pegó un brinco cuando la voz de Aiba le llegó, y al darse la vuelta se le encontró plantado en el umbral de la puerta con las manos ocupadas por dos vasos llenos de líquido efervescente.

Se quedaron observándose el uno al otro durante unos eternos segundos.

La mirada de Sakurai mostraba confusión, como si dentro de su cuerpo se estuviese produciendo una terrible batalla, y la de Masaki… Los ojos de Masaki recorrían el cuerpo desnudo de su compañero lentamente, como si quisieran memorizar la piel tersa que se pegaba sobre cada uno de los fibrosos músculos.

La mirada duró apenas cinco segundos pero a pesar de ello a Sho le parecieron que habían pasado siglos hasta que Aiba desvió los ojos, sonrojándose de forma violenta, balbuciendo algo sobre los sabores de las medicinas, entremezclándolo con disculpas como si nunca hubiese visto a su amigo desnudo antes, comportándose con una repentina e inesperada timidez.

Aquella actitud fue demasiado para Sho, rebosó un vaso que aquel día ya estaba de por si lleno.

Antes de darse cuenta había tirado los bóxers a un lado, y acercándose a Masaki sin dejarle tiempo para reaccionar lo lanzó bruscamente sobre la cama agarrándolo por las muñecas.

Los vasos se estrellaron contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos, y el sonido del cristal quebrándose se entremezcló con el jadeo ahogado que dejó escapar Aiba cuando de pronto se encontró aprisionado entre el cuerpo de su compañero y el colchón, con los brazos inmovilizados por las manos de este sobre su cabeza.

― ¿¡Sho-chan…!? – Exclamó con un hilillo de voz sorprendido al notar como su amigo sujetaba sus dos muñecas con una sola mano, alargando la otra para coger algo que él no pudo ver, y entonces se encontró repentinamente con las muñecas fuertemente atadas al cabecero de la cama con, lo que le pareció distinguir, una corbata.

― Lo siento, Masaki, pero esto ya es demasiado para mí… – La voz de Sho se convirtió en una mezcla de desesperada culpabilidad y arrollador deseo mientras sus manos se colaban dentro de la camiseta de su compañero para recorrer la piel de su pecho, provocándole escalofríos – Si no lo hago acabaré por volverme loco…

― ¿Ha-hacer qué…? – El susurro de Masaki se convirtió en un débil gemido cuando los dedos de su amigo rozaron sus pezones, jugando con ellos de forma lenta.

― Creo que es obvio… – Sho ocultó la cara en el cuello de Aiba y comenzó a llenarlo de besos mientras sus manos seguían ocupadas en explorar el cuerpo de su indefenso compañero, arrastrando la camiseta con ellas hasta que acabó por sacársela por la cabeza, dejándola allí al no poder quitársela de los brazos.

Masaki no dijo nada, simplemente dejó escapar un gemidito cuando los labios de su amigo descendieron por su pecho y Sho estuvo seguro de que era debido a que tenía que estar demasiado asustado y shockeado como para reaccionar. Cosa de la que él, para desgracia de su compañero, se iba a beneficiar.

La espalda de Aiba se arqueó de forma inconsciente cuando la lengua de Sakurai comenzó a rozar su ombligo lentamente, dibujando su forma, y pequeños jadeos roncos abandonaron su garganta mientras las manos de su amigo buscaban el cierre de sus vaqueros, abriéndolos de un tirón para luego bajarlos, aprovechando para acariciar sus piernas por el camino, haciendo que su piel se erizase ante el contacto.

La culpabilidad de Sho aumentó al escuchar la exclamación de sorpresa que ahogó Masaki cuando hizo lo mismo con su ropa interior, pero también lo hizo el deseo que acababa de descubrir hacía poco que sentía cuando al deshacerse de los bóxers de su compañero se encontró con su miembro completamente erecto.

Aunque… ¿por qué razón iba a estar Aiba excitado si lo estaba forzando…? ¿Por qué su cuerpo…?

― Sho-chan… – Escuchó entonces que su amigo gemía con desesperación y eso le sacó de sus pensamientos y le hizo continuar antes de que Masaki fuese capaz de volver a reaccionar, porque cuando eso ocurriese sería aún más difícil seguir… y él necesitaba acabar con aquello de una vez. Quizá así todo volvería a la normalidad, aunque después su compañero le odiase.

Su nombre se escapó de nuevo de entre los labios de Aiba en forma de gemido cuando la mano de Sho aferró su miembro para comenzar a moverse lentamente a lo largo de este, mientras sus labios jugaban en la punta, provocando que todo su cuerpo se retorciese y convulsionase.

― Uhm… Masaki…  – Susurró contra su piel antes de llevarle dentro de su boca, aún rozándole con los dedos mientras tanto. El sabor de su compañero le resultó tan extremadamente delicioso que una nueva oleada de culpabilidad le recorrió por lo que estaba haciendo. Pero a pesar de todo trató de desterrar esos sentimientos, centrándose en provocarle a Aiba todo el placer que pudiese al menos, cosa que parecía estar consiguiendo ya que los jadeos y gemidos no dejaban de abandonar su garganta cada vez que la lengua de Sho le rozaba al hacerle entrar y salir de su boca.

― Sho-chan… – Susurró una vez más Masaki, comenzando a debatirse bajo su amigo en un intento desesperado de liberar sus manos.

Cuando Sakurai sintió como Aiba empezaba a revolverse se planteó parar todo aquello, frenar aquella situación que estaba asquerosamente mal. Pero ya le había demostrado a su amigo lo despreciable que era así que ¿qué importaba ya?

Agarró las piernas de Masaki cuando notó como estas se tensaban, temiendo que tratase de apartarlo de si, y aumentó el ritmo con el que se movía sobre él, cerrando más los labios en torno a su miembro mientras lo recorría con la lengua en cada subida y bajada, consiguiendo así arrancar roncos gemidos de la garganta de su compañero.

― Sh-Sho… chan… – El tono de Aiba era más y más suplicante cuanto más aumentaba la velocidad de sus movimientos su amigo, y eso desesperaba a Sho ¿Por qué no podía conseguir que Masaki disfrutase de aquello? ¿Por qué Masaki no podía querer lo mismo que él? Sentir lo mismo que él… – Sho-chan… suéltame, por favor…

Sakurai despegó los labios de la piel de su compañero cuando escuchó aquello, dejando escapar pequeños jadeos entre estos, y negó con la cabeza.

― Lo siento Masaki… – Susurró, ocultando los ojos bajo el flequillo como si con eso fuese a poder deshacerse de la culpabilidad, sintiéndose repugnante incluso antes de añadir: – Si te suelto escaparás… y llegado este punto necesito acabar…

Agachó la cabeza para continuar, pero no pudo hacerlo porque de pronto la risa de Aiba llegó a sus oídos y aquello lo dejó tan desconcertado que no fue capaz de moverse.

― ¿Masa…ki…?

Su compañero continuó riendo con ganas unos segundos más y tras aclararse la garganta un par de veces consiguió hablar.

― ¿Escaparme…? – Pareció que le iba a entrar la risa de nuevo pero pudo contenerse y después con voz susurrante añadió: –  Sho-chan si hubiese querido escaparme ya lo habría hecho… quiero que me sueltes porque que estés haciendo eso y no ser capaz de tocarte me está volviendo loco…

Ante la aplastante franqueza de Masaki, Sho solo fue capaz de alzar la cara y mirarlo con los ojos completamente abiertos, sin dar crédito a lo que escuchaba. ¿Eso quería decir que Aiba…?

― No entiendo – Susurró – Pero si te he estado obligando y tu…

― ¿Has notado que yo opusiera resistencia en algún momento…? – Masaki chasqueó la lengua y volvió a removerse bajo el cuerpo de su compañero – Solo suéltame Sho-chan… No me escaparé, prometo ser bueno… – Acabó por susurrar con un tono tan sensual que atravesó a Sho como una descarga eléctrica por todo el cuerpo.

Todavía demasiado desconcertado como para ser del todo consciente de lo que hacía alargó una mano y buscó la corbata para tirar de esta y desatarla. En cuanto la presión se aflojó ligeramente en torno a sus muñecas Masaki se las arregló para liberarse y fue a enredar las manos directamente en el pelo de su compañero, atrayéndole hacia si para besarlo de una forma en la que Sho jamás había sido besado antes.

Con necesidad, deseo, anhelo y posesividad.

Como si fuese algo que Aiba hubiera estado esperando durante siglos.

Antes de darse cuenta Sho se encontró entre las piernas de Masaki, que se enredaban alrededor de su cintura apretándole contra si, pidiéndole más y más. Aquello era mejor de lo que jamás habría podido imaginar en toda su vida.

Pero lo último que quería era hacerle daño a su amigo por lo que, en un momento de lucidez, se refrenó a si mismo antes de que le fuese imposible hacerlo, rompió el beso y se llevó los dedos de una mano a los labios. Aunque, viendo su intención y antes de que fuese capaz de hacer nada, Aiba le agarró de la muñeca, atrayendo la mano de Sho hacia su boca, sacando la lengua para lamer cada uno de sus dedos lenta y concienzudamente, enviando violentos escalofríos por su cuerpo mientras le observaba completamente hipnotizado.

― Uhm… ya… – Susurró Masaki cuando los dedos de su compañero estuvieron empapados con su saliva y le guió para que los llevase entre sus piernas.

Sho jamás había hecho aquello antes pero guiado por el instinto, como había hecho hasta entonces, rozó la entrada de Aiba suavemente con la yema de su dedo corazón antes de introducirlo en él despacio, arrancando roncos gemidos a medio camino entre el placer y el dolor de la garganta de su amigo.

Aiba buscó entonces de nuevo la boca de Sakurai, ahogando los jadeos y gemidos en el beso cuando este comenzó a mover el dedo en su interior. Esos sonidos que Masaki dejaba escapar cada vez que entraba y salía de él  amenazaban con volverle loco de un momento a otro.

― Más… – Gimió Masaki contra sus labios y cuando Sho añadió otro dedo al que ya tenía dentro de él comenzó a mover las caderas contra su mano, buscando hacerlos llegar lo más profundo posible.

Con cada gemido de su amigo Sho sentía como su excitación aumentaba más y más hasta que comenzó a hacerse insoportable.

Deseaba, quería, NECESITABA sentir a Masaki.

Agregó un último dedo a los dos anteriores, moviéndolos de forma aún más brusca en el interior de Aiba, haciendo que este se retorciese de placer bajo su cuerpo, dejando escapar roncos jadeos con los labios entreabiertos.

― Uhm… Sho-chan… ya… quiero… – Susurró de forma incoherente, aunque no necesitó explicarse mucho más cuando empujó a Sho sobre el colchón, haciendo que quedase echado sobre la espalda y se sentó sobre él a horcajadas, provocando que este dejase escapar un jadeo sorprendido.

― ¿Qué…? –  Gimió Sho cuando Masaki comenzó a rozar sus caderas con las de él, haciendo que se estremeciese.

― Ahora me toca a mi… – Aiba esbozó una media sonrisa, inclinándose para robarle un fugaz beso antes de deslizar los labios por su garganta, dedicando los minutos siguientes a recorrer todo el cuerpo de su compañero a base de caricias y besos, deleitándose con la suavidad y el sabor de su piel y con la perfecta forma de cada uno de los músculos que se dibujaban bajo esta.

Cuando Sho ya había quedado completamente convencido de que no podía haber nada mejor que aquello descubrió que se equivocaba porque entonces sintió los labios de Aiba recorriendo su miembro desde la base hasta la punta, mordisqueando esta de forma delicada antes de introducirlo por completo en su boca. No pudo hacer otra cosa que gemir una y otra vez con el roce de la lengua de su compañero sobre su piel.

Aquello era mil veces mejor que la fantasía más real que hubiera podido tener, porque ahora podía sentir el jadeo de Masaki cada vez que le llevaba hasta el fondo de su garganta, o los gemidos que dejaba escapar como si fuesen una contestación a los suyos propios. Era una sensación tan intensa que se conseguía marearle.

Aiba tardó aún un rato más en separar los labios del miembro de su amigo y, tras comprobar con una sonrisa satisfecha, que le había humedecido por completo, serpenteó sobre su cuerpo hasta quedar de nuevo sentado a horcajadas sobre sus caderas, agarrándolo con una mano para rozar su entrada con la punta de este, haciendo que Sho se excitase tanto que el gemido que le salió fue a penas un hilo de voz.

― Si tanto me deseas como para haber tenido que atarme… – Comenzó Masaki, haciendo el roce aún más intenso mientras movía la mano para masturbar a su compañero al mismo tiempo, acariciando su pecho con la otra – … Solo tenías que habérmelo dicho…

― Te deseo… – Le confirmó su compañero, maravillado con como la inocencia que solía mostrar Aiba había desaparecido por completo ahora.

― Lo sé…

Y entonces bajó las caderas sobre Sho con un fuerte movimiento que hizo que este entrase en él por completo, arrancando gemidos roncos de las gargantas de ambos. Masaki echó la cabeza hacia atrás, dejando escapar pequeños gruñidos de placer y dolor cuando empezó a moverse, haciendo a Sho salir y entrar de él lenta pero bruscamente.

― Aaaah… Masaki… – Las manos Sakurai viajaron por todo el cuerpo de Aiba, buscando recorrer la mayor extensión de piel desnuda posible, haciendo que este se estremeciese, dejando escapar intensos jadeos.

― Tócame más… – Le suplicó Masaki con un ronco gemido entonces y una de las manos de Sho se deslizó hasta rozar el miembro de su compañero, mientras la otra se apoyaba en una de sus estrechas caderas, obligándole a moverse cada vez con más violencia sobre él – Uhm… Más Sho-chan…

Atendiendo a la petición de Aiba comenzó a mover su mano, deslizándola arriba y abajo, provocándole a su amigo un placer tan intenso que ya no era consciente de nada de lo que le rodeaba. Ya no sentía otra cosa que no fuese a Sho tocándole y dentro de él, haciendo que su cuerpo se arquease cada vez que le hacía subir y bajar sobre sus caderas. Y al igual que él, Sho no era capaz de percibir nada que no fuese Masaki, moviéndose sobre él de una forma completamente enloquecedora.

― Sho-chan… – Sintió como Aiba llevaba una mano sobre la que él tenía en su miembro, enredando sus dedos con los suyos para hacerle moverlos a su alrededor de una forma cada vez más brusca.

La excitación que le provocó ver como Masaki se masturbaba con su ayuda hizo que sus caderas comenzasen a moverse por cuenta propia, buscando llegar más y más dentro de su compañero, y aunque el placer que esto le hacía sentir le llevaba a querer cerrar los ojos él luchaba por mantenerlos abiertos. Se negaba a quitarle la vista de encima a Aiba, quería ver cada uno de sus movimientos y su expresión cada vez que entraba en él todo lo posible.

― Sho-chan… ya no voy a… – Gimió Masaki cuando su compañero le hizo moverse tan fuerte sobre él que le resultaba doloroso, pero a la vez tan placentero que no quería ni podía parar.

Sho, al escucharle comenzó a mover la mano aún más bruscamente en su miembro, provocando que Aiba se retorciese de placer sobre su cuerpo con cada embestida, haciéndole sentir que iba a desmayarse de un momento a otro.  Y fue cuando Sho le cogió de la cara para atraerle hacia él y besarle como si llevase siglos sin hacerlo cuando sintió que se iba, empapando las manos de ambos, dejando escapar un ronco gemido contra sus labios cuando sintió como su compañero hacía lo mismo dentro de él.

― Uhm… –  Susurró Sho dentro del beso, estremeciéndose por las agradables descargas que recorrían todo su cuerpo aún cuando Masaki se dejó caer por completo sobre él, dejando de moverse poco a poco.

Su compañero no dijo nada, simplemente se quedó sobre su cuerpo, temblando suavemente mientras trataba de recuperar la respiración, y pasaron varios minutos hasta que alguno de los dos tuvo fuerzas para hablar.

― Deberías haberme dicho lo que sentías – Acabó por arrancar Sho, acariciando la espalda de su amigo lentamente con las yemas de los dedos, provocándole escalofríos.

― Y tu deberías haberme dicho que querías atarme y… – Se calló cuando notó la mirada de reproche de su compañero y Sho pudo sentir su risita contra la piel – ¿Cómo iba a hacerlo si no sabía lo que sentías?

― Creo que hoy lo he dejado bastante claro…

― Y yo estaba demasiado sorprendido y…  ocupado… como pata decir nada – Masaki se encogió de hombros y luego alzó la cara para mirarle – Pero ahora que no lo estoy… tengo que decirte para la próxima no hace falta que me ates, me dejaré – Sonrió divertido al ver la expresión de disgusto de su compañero – Porque ya estaba atado de otra forma, de todos modos…

― Así que ya lo estabas ¿eh…? – Y aunque sonrió burlonamente Sho no pudo más que enredar los dedos en su pelo y atraerle hacia si para besarle una vez más ante aquello, porque sabía que Aiba tenía toda la razón… ellos siempre habían estado atados el uno a otro, ahora por fin podía verlo.
 
 
Current Mood: busy
Current Music: CONFUSION - Arashi
 
 
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[identity profile] dani-mathoz.livejournal.com on March 4th, 2015 11:37 pm (UTC)
OMG OMG OMG

Aby chan! That was hot and so sexy!

I always wanted read a fic about that Shiyagre SP!

Sho was a very lucky man to has that powerhouse Masaki!!!


Thank you a lot to post!

And you love Sakuraiba and Ohmiya like me! Ohhhhh I want read more and more your fanfics!!!!
[identity profile] hinode91.livejournal.com on March 5th, 2015 12:00 am (UTC)
Hehehehe I'm glad you liked it! (>w<)
Really???? Gosh I loved tied Aiba in that Shiyagare and I needed to write something about it!
Yeah ~ I always end up writing a bitchy Masaki LOL

Naaaw, thank you a lot for reading it!
Oh yesssss I love those pairs! right now I'm writing a Matsumiya one for my best friend but when I finish it I'll write an Ohmiya one huhuhuhu
[identity profile] rory1323.livejournal.com on May 15th, 2015 04:19 pm (UTC)
AAAAAAAAAAaaaaah !!!

Spanish ! Ok, I can't read spanish, I don't understand it ^^ I'm dissapointed... But I'm ok with you, writing in english is so hard when it's not our maternal language --'
Anyway, this comment is useless but I wanted to tell you that I'm sure it's a great OS ! ^^
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[identity profile] rory1323.livejournal.com on May 15th, 2015 04:20 pm (UTC)
Ah ! By the way, I'm Tangyyyy ! XD
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